Parte de una panceta de cerdo entera. La mía, comprada en el carnicero, pesaba más o menos unos 2 kg.
Quita el sobrante de grasa y, después, retira algo de la parte magra para que no quede tan gorda.
Si te resulta mas cómodo, parte la panceta por la mitad para poder manipularla y secarla mejor (a mi entera se me hacía demasiado grande).
Cura la panceta en sal. Yo he usado 2 kg de sal gorda, pero lo importante es que quede completamente cubierta. Un recipiente de barro va de maravilla para esto porque ayuda a que respire .
Déjala curar unas 4 horas. Podrías dejarla hasta 8 horas; te animo a hacer diferentes pruebas.
Mientras se cura la panceta, machaca en un mortero 2 dientes de ajo y resérvalos
Pasadas las 4 horas (o más, si así lo has decidido), saca la panceta de la sal y retírale el exceso con papel de cocina.
Espolvorea el pimentón dulce por toda la superficie. La cantidad aproximada es una cucharadita colmada, pero sé generoso y cubre bien ambos lados.
Añade el ajo que tenías reservado y extiéndelo muy bien con las manos por toda la superficie. El truco es hacerlo como si le dieras el mejor masaje a alguien muy querido.
Con un cuchillo afilado, haz un orificio en una de las esquinas de la panceta.
Pasa una cuerda de cocina por el agujero y cuélgala en un lugar fresco y seco. Si no dispones de un sitio así, puedes hacerlo en la nevera colocando la panceta sobre una rejilla y dándole vueltas cada 2 días.
Pasadas dos semanas, ya tienes tu panceta casera adobada, lista para hacer tus mejores torreznos.